No he estado muy activo porque he estado escribiendo los primeros capítulos de la novela. Llevo aproximadamente 20.000 palabras (los seis primeros capítulos) y voy poco a poco cogiendo ritmo.

Tengo el objetivo aproximado de escribir alrededor de quinientas palabras al día, pero la vida ha ido poniendo algunos obstáculos que me han impedido cumplirlo. Por suerte, sé que todo se basa en dar pequeños pasos hacia delante. Dentro de unas semanas miraré hacia atrás y veré todo el camino recorrido.

En mi caso, aunque tengo una escaleta muy detallada con lo que tengo que contar en cada capítulo, suelo tardar un poco más en estos primeros capítulos. Me ha pasado siempre y creo que seguirá siendo así. Conozco muy bien a los personajes y cómo se supone que deben actuar, pero tengo que encontrar el tono adecuado, el ritmo perfecto y dar a los personajes la voz que creo que merecen. Y eso lleva tiempo.

No es que me cueste entrar en la novela y fundirme con ella. Más bien, creo que necesito pasar tiempo en los lugares donde sucede, estar con los personajes y, sobre todo, ambientar de la forma adecuada la historia. Tengo la trama en la cabeza y su desarrollo en el papel, pero los autores no leen su propia novela hasta que está escrita. Y entre una cosa y otra hay un salto importante.

En estas primeras semanas, me centro mucho en matizar y perfeccionar esos primeros capítulos porque son los que quiero que enganchen al lector. Quiero que sepan a la perfección como es la habitación del protagonista, su pueblo, su familia, sus manías. Sin pasarnos de detalles. Quiero que sepan lo necesario para que su imaginación les cuente la historia a través de mis palabras. Conseguir esto no es fruto de un día.

Como lector, mi imaginación crea esos lugares y personajes de los que me he enamorado. Tengo en mi cabeza sitios que no existen, pero que un escritor me ha descrito lo suficiente para que vivan conmigo por mucho tiempo. Por eso, me hago muchas preguntas sobre mi propio texto: ¿Se corresponde la imagen que quiero dar del protagonista con la que estoy escribiendo? ¿Estoy contando detalles de más y, por lo tanto, limitando demasiado las imágenes que quiero que el lector construya? ¿Esta descripción es suficiente o faltan cosas importantes que debo destacar?

Este camino es largo y soy consciente de ello. Lo bueno, es que tengo muy claro que estoy haciendo las cosas bien. Lo malo, que queda un tiempo para que podáis leerlo. Creo que cuanto más mimo y trabajo ponga en el folio, más fácil os enamoraréis de esta historia.

Nos encontraremos entre sus páginas.

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