
He tenido una idea muy buena y he decidido escribir una novela. Uso el verbo decidir porque es el más preciso. Se me ocurren muchas cosas a lo largo del día que no tiro a la basura, pero que dejo en barbecho para cuando me hagan falta. Quizá nunca llegue a necesitarlas y se queden en algún lugar perdido dentro de mi palacio mental. Por eso, al igual que decido no desarrollar una idea, decido todo lo contrario.
Escribir una novela no es algo banal, algo que pueda hacerse a medias. Yo me exijo mucho ―quizá demasiado― para escribir siempre el mejor que libro que puedo escribir. No concibo que haya medias tintas ni ir a medio gas. Tampoco puedo ir en una marcha inferior a la que me dé el coche. Siendo honesto, para no dejarlo todo en mi futura novela, prefiero que la idea que le da origen se quede simplemente en eso.
Me gusta mucho hablar del proceso creativo y por eso quiero ir documentando mis avances y haceros partícipes. Todos tenemos manías en nuestro trabajo y los escritores no somos menos. Hay quienes usan millones de pósits de diferentes colores, los que se entienden en el caos de varias libretas y los que no paran de mandarse audios a ese grupo de WhatsApp al grupo en el que solo están ellos. Ya os detallaré en estas semanas mi forma de trabajar.
Funciono muy bien imponiéndome plazos, por lo que calculo que tendré el primer borrador del manuscrito para mediados del año que viene. Es un plazo poco concreto porque la vida te pone trabas sin avisar para luego quitártelas. Tendré momentos de mucha productividad y momentos de procrastinación, pero no me preocupa por dos cosas. La primera, porque Phoebe Waller-Bridge dijo hace unos años que procrastinar era el 90% de la escritura. Si se lo permite ella, yo no voy a ser menos.
La segunda, y clave, es que ya he pasado por esto cuatro veces. Esta será la quinta. Tener a las espaldas cuatro novelas ―Jota, Quiero volver, Las cajas de las emociones y un libro que se publicará dentro de no demasiado― es algo que me tranquiliza. Siento que, aunque el camino a recorrer sea distinto, llevo cargada la mochila con unas armas que no tenía cuando empecé.
A pesar de que he empezado diciendo que iba a escribir una novela, me queda mucho trabajo que hacer antes de empezar a escribir. Lo primero es que tengo que dedicar tiempo a leer algunos libros similares a los que quiero que se parezca el mío. Algunos títulos que me acompañarán estos meses son Catedrales de Claudia Piñeiro, El poder del perro de Don Winslow, las tres primeras entregas protagonizadas por George Smiley (Llamada para el muerto, Asesinato de calidad y El espía que surgió del frío) de John Le Carré y Sobre la losa de Fred Vargas.
Nuestras lecturas son gasolina y tenemos que usar la que mejor nos venga para llegar más lejos. En mi caso, me viene muy bien para quitarme otros vicios que pueden no favorecer a lo que voy a crear. Por ejemplo, si quiero escribir un thriller, no me viene bien leer dramas con frases muy largas y reflexiones abstractas. Esto no sé si es algo que le sucede a todo el mundo, pero yo noto mucho de lo que me estoy nutriendo cuando me pongo a escribir.
Esto no quiere decir que me vaya a convertir en Tolkien si me leo toda su obra del tirón. Ojalá fuese así. Lo que supone es que, aunque la historia esté definida y las acciones muy claras, hay decisiones que tomamos cuando estamos en la redacción de los párrafos y en los diálogos de los personajes. Esas pequeñas muletillas, esas comparaciones, esas reflexiones que, quizá, no estaban premeditadas. Si todo estuviese predeterminado, el acto de escribir perdería la gracia. Esa magia que se genera cuando ves que tu cabeza va danzando por el papel tiene que estar en consonancia con lo que quieres contar. Y a mí, lo que estoy acostumbrado a leer me afecta en esas decisiones.
Por otro lado, tengo que pensar mucho. De hecho, estaré todo el día pensando y apuntando. Este diálogo que se me ha ocurrido, esta reflexión que me viene bien, este conflicto y esta resolución. Girar la tuerca todo el rato, jugar con las palabras y con las historias que me encuentre. Prestar atención a lo que veo y llevármelo a mi libro.
Es un momento muy emocionante porque hoy es el día 1 de mi futura novela. Una que ni siquiera tiene título y que sé que me va a regalar momentos muy felices.

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